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| Sosita aurinegro |
Hoy Luis Suarez nubla la memoria de muchos pero no esta mal recordar que nuestro pasado tuvo joyas envidiables.
El calor de las baldosas apura los dedos descalzos. Los pequeños pies buscan el balón que se mueve entre los jugadores más grandes. Ruben tiene 8 y se mueve con gracia dentro de la improvisada cancha de fútbol. La silenciosa calle construye la diversión de este puñado de pequeños en una temprana tarde donde la siesta dominical es asunto de mayores.Desde el margen de Montevideo Ruben Sosa logró conquistar el Mundo Fútbol, principalmente por la destreza e intensidad de su pierna izquierda. También tuvo viveza dentro de la cancha, quedando a la altura de Diego Armando Maradona. Ambos astros atravesaron infancias complejas desde lo económico. Luego supieron estar en la cima de la montaña pero no todos tienen esa chance, la marginalidad sigue siendo la usina de promesas del balonpie regional.
Los brazos cruzados y la mirada en el infinito, un instante. Tan solo un momento porque es preciso volver al partido. Desde la linea de cal Sergio Markarian es testigo del poco fútbol que su cuadro propone. Un partido que no fluye al paladar de este renombrado técnico local. El año es 1982 y el equipo es Danubio Futbol Club, scuadra influyente en lo que refiere a cantera juvenil.
El vientre de Markarian poco a poco se va haciendo panza, mientras que sus cejas logran formar una v. El rostro fruncido se abstrae otro momento en el infinito y para cuando vuelve a la realidad ya se encuentra llamando a su colaborador. Hay claridad en su mirar. La decisión a tomar no es habitual y Markarian, como buen racionalista lo meditó. No era una clásica sustitución, hay varias por partidos.
Había algo más. Nuestro fútbol no promete excelencia constante y cuando surge una luz diferente, se nota. Debuta un jugador distinto a todos. Fuerza, precisión, ligereza. Ruben Sosa está entre los suplente de Markarian, y con tan solo 15 años sale a romper las estadísticas en el fútbol profesional de Uruguay.
NAPOLEON
El rival es FC Barcelona y Zaragoza está en una final. Los albos avanzan por la banda central del campo, Juliá lleva el balón hasta que el blaugrana Migueli aparece yendo al piso tomando jugador y pelota. Falta dice el arbitro. Luego del tramite entre el golero y la barrera, Ruben Sosa con la 9 en la espalda se dispone a patear. Lo hace de manera fuerte. Velozmente el tiro viaja, pega en la barrera y entra en el arco; el golero culé entregado al otro palo. Uno a cero hasta el final. Zaragoza para 1986 levantaba su tercer Copa del Rey gracias a la destreza y bondad de este player charrua .
En dicha época el influyente mercado italiano lo sedujo y se fue a Roma a jugar por los celestes de SS Lazio. Una liga distinta con mayor fricción gracias a los fuertes defensores. Esto puso a Sosa en un mayor nivel como atleta del gol: Tanto en Italia como en Uruguay El Principito continuó anotando goles a base de su potente zurda, llegando a ser goleador en Brasil de la Copa América de 1989. Para cuando la determinante década de los 90 rodaba, Sosa pasó a Los Negriazules de Milan donde hizo mas goles que nunca. Jugando para Inter FC este uruguayo nacido en Piedras Blancas logró besar la Copa UEFA en 1994, una proeza similar a la que pudieron vivir Diego Forlan o el ya citado Suarez en sus carreras europeas.
Luego la vanguardia. Como Bowie, Ruben Sosa tuvo una etapa alemana. El amarillo y negro fue parte de la vida de este inmenso jugador, ya que el Borussia Dortmund contrató sus servicios por una temporada. Allí fue parte de un sistema de juego donde su magia indeleble quedó un tanto opaca. Sin embargo su participación con los aurinegros le dio la Copa de la Liga esa temporada. Al año siguiente, ya con Sosa afuera, Borussia Dortmund fue a la Champions League y la ganó. Sosa dentro del campo profesional fue un distinto, de esos que hoy valen centenas de millones.
ETERNO RETORNO
Volver a las tierras tranquilas y húmedas del Uruguay significó para Ruben Sosa una renovación en su vinculo con el fútbol. Lejos de venir a morir en una Liguilla, El Principito marcó un pasó bien interesante en su carrera jugando para Nacional. La institución en la previa del 2000 también precisaba un cambio en el espíritu; un mañana glorioso ante la tétrica década de los 90. Ambas voluntades y varias más conformaron un equipo que no solo marcó un antes y después, sino que sembró un gran futuro albo.
Con tan solo tres décadas de vida Sosa volvía al torneo doméstico para brillar y enloquecer a los seguidores que se reúnen en La Blanqueada los fines de semana. Junto a la mítica dirección de Hugo De Leon y un intenso equipo, los comandados por El Poeta Del Gol cortaron el sexenio mirasol y marcaron un paso importante hacia la renovación de cara al nuevo siglo.
El estadio Centenario desborda de personas y gritos. El partido clásico está por reanudar cuando el juez pite la falta. Depende del referee no de Ruben Sosa, quien está frente al balón a poca distancia. Tampoco de la barrera mirasol. Sosa espera hasta el sonido del silbato. Cortos son los pasos y mucha la fuerza que se le impone al balón. La velocidad es tal que nadie entiende nada. Para cuando los niños presentes comprenden lo ocurrido, Ruben Sosa ya grita sobre la linea de cal. Otro zurdaso fuerte que se clava arriba contra el palo de la barrera. Una vez más el arquero está descolocado.
MARCO POLO
El taxi está detenido y la puerta del chófer abierta. En el fondo del vehículo Sosa mira por la ventana buscando explicaciones. Nervioso toma el celular. A unos metros y frente a un árbol chino, el taxista golpea su cabeza contra el tronco. La ciudad es Shangai, la falta de comunicación entre Occidente y Oriente es la causa de la escena y Ruben Sosa pide ayuda a través del ya viejo dispositivo con botones.
Este genio al que rendimos amor con todas estas palabras supo mirar a China cuando todos palmaban con la Premier League de Inglaterra, en tiempos de Muñoz y su Deporte Total. En un futuro, nuestro actual crack Luis Suarez quizá termine anotando hatricks en el sur de Asia. Hoy sin embargo lo precisamos más que nunca en cancha con la celeste, pero su rodilla y la lesión nos lo priva ante Argentina.
La última paliza clásica en el Estadio Centenario ante Brasil puso a Uruguay en búsqueda de la vieja y "noventosa" calculadora. No para usarla ya sino para tenerla vista. No vaya a complicarse el futuro y veamos a Tabarez apurado por ese artefacto lleno de botones, que de seguro descansa en algún escritorio de metal herrumbrado dentro de la AUF.

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